He perdido ya el número de veces que he empezado y borrado esta historia…
Siempre me ha gustado el “espíritu startup”. A la hora de elegir una compañía fuera de los periodos que he pasado en Ciudad Real en la que trabajar, siempre he ido buscando ese “vamos a innovar”, ese “no tenemos límites”, esos equipos generalmente formados por gente joven en su mayoría pero gente con un dominio de su área que los hacía únicos.
Primero Ándago, entrando en el momento en el que GNU/Linux iba poco a poco siendo conocido por las empresas españolas, y en el que casi que los únicos que estábamos especializados en software libre en el país éramos nosotros. Luego vino Open Sistemas, la heredera de facto de esa filosofía en un momento en el que Ándago no andaba demasiado bien por temas que no vienen a cuento. A continuación la Junta de Andalucía y el equipo Guadalinex, manera indirecta de devolver a la comunidad lo que la comunidad me había dado hasta ese momento. La etapa en Fresqui. Incluso hubo entre medias de todo esto varias oportunidades muy claras de poder haber formado parte de Fon justo en sus inicios (por ejemplo, una de las oportunidades coincidió con que ya había dicho que sí a Guadalinex y ya tenía pagados los primeros meses de mi vivienda en Sevilla). Ha sido y es una espinita que todavía tengo clavada.
Por último llegó 20 Minutos. Puedo decir con total seguridad que este trabajo ha sido, de lejos, mi mejor etapa en lo profesional (y aprovecho para recordar que se sigue buscando talento). Desde el momento en el que entré ya sabía que me encontraba ante una empresa joven pero sólida, con unas ideas muy claras de a dónde quiere llegar, con ganas de formar un gran equipo que llevase esas ideas a cabo (y doy fe de que lo están consiguiendo) y donde no iba a tener ningún tipo de límite aparte de la sensatez. Si veía algo que se podía mejorar, iba a poder hacerlo, iba a poder aportar mi granito de arena en cuestión de como evolucionar… No es para vosotros nada nuevo si habéis leído mis entradas de estos últimos meses.
En esta vida, por mucho que disfrutes con tu trabajo, no todo se reduce a lo laboral. Lo quieras o no, ir y venir a diario a Madrid, aunque lo soportes (palos con gusto saben a gloria, como se suele decir) al final te acaba pasando factura. Para una empresa en la que el horario normal de trabajo son algo más de las siete horas más la hora para comer tenías que acabar sumando todo el tiempo de transporte desde mi casa hasta la oficina, lo cual últimamente se venía traduciendo en que salgo de mi casa a las 8:25 para coger el AVANT de las 8:47, llego a la empresa a 10:20-10:25, salgo a las 19:00 para coger el tren de las 20:25 y hasta las 21:30 no pasaba por la puerta de mi casa. Esto último no solo se traduce en agotamiento físico, sino también mental. Y por mucho que lo evites, eso termina pasando factura en la relación con tu familia y tus amigos. Tampoco ayuda mucho a la hora de cuidarte la salud.
Desde que entré en 20 Minutos tenía claro que más tarde o más temprano iba a tener que irme a vivir a Madrid. También tenía claro que no me iba a Madrid de por vida, sino por una temporada de unos años (por ejemplo, hasta que cumpliese los 30, que ya no va quedando tanto). Y a este respecto tenía ya prácticamente todo listo para poder meterme en el piso que un antiguo compañero de trabajo y buen amigo iba a comprar. Bien es cierto que me podía haber venido casi desde el principio, pero entre lo que te puedes encontrar en Madrid y que no me quería venir de cualquier manera, la cosa se ha ido demorando.
En cosa de una semana todo lo que tenías seguro puede cambiar. Hace unos meses hubo una oferta de Indra en Ciudad Real a la que me presenté. Aunque ha ido tremendamente lento el proceso, he tenido la suerte de que las entrevistas coincidieron con días en los que libraba por las guardias o alguna festividad en Madrid, con lo cual casi que utilizaba esas entrevistas como forma de entretenerme ese día libre. Ya en la última entrevista lo típico: que el departamento de RRHH se pondrá en contacto contigo, te hará una oferta, etc. Llega la semana pasada y el lunes recibo una llamada que ya no me esperaba, hasta el punto de que poco antes había comentado a mis jefes en 20 Minutos que ya no faltaba casi nada para venirme a Madrid, que tenía muchas ganas con lo que se presenta para este 2008… Indra por fin hacía oferta y era buena.
No hay mal que por bien no venga, y el hecho de que la semana pasada pasase dos días de baja por enfermedad resultó muy oportuno para sacar tiempo, darle vueltas a la cabeza y tomar una decisión: Vuelvo, aunque nunca me haya ido, a mi ciudad, a formar parte de uno de los monstruos del software en Europa, con unos proyectos radicalmente distintos a lo que llevo haciendo en estos últimos años, y, sobre todo, vuelvo a recuperar mi vida fuera de lo profesional.
Me ha resultado muy difícil tomar esta decisión, y sobre todo tener que comunicársela a ese maravilloso equipo con el que llevo trabajando estos últimos meses y que se acaba convirtiendo en tu segunda familia. Ahora ya solo queda ver hasta donde puedo llegar y esperar no haberme equivocado, aunque soy plenamente consciente de los riesgos que cualquier decisión tiene asociados.
Creo que esta entrada bate dos récords… el de la más larga escrita hasta la fecha en LinuxAdicto.org y la que más pone a prueba la paciencia del lector hasta que llega a la conclusión. Pero había que soltarlo todo ;)